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Publicado en Libre Mercado :: Libertad Digital / 03/10/2011
La crisis económica que estamos viviendo es el resultado directo de la expansión crediticia de los países miembros de la zona euro. Los Estados griego, irlandés, portugués y español han expandido crédito sin base en ahorro real, han reducido los tipos de interés de manera artificial, y han creando la ilusión de que en sus economías había dinero para invertir y crear riqueza. La expansión la prolongaron durante más de 10 años, y la crisis creada por el artificio estatista de los diferentes estados europeos aún no ha mostrado su lado más duro y difícil.
Estamos asistiendo a una de las mayores crisis político-económicas de la historia. Sin embargo, el centro político de la Unión Europea pretende animar y transmitir confianza a toda la ciudadanía de la zona euro explicándonos cómo harán para sacarnos de la crisis. Resulta paradójico que un Super-Papá-Estado pretenda explicarnos a mí, y a ti, cómo hará para rescatarnos de las irresponsabilidades político-económicas que los diferentes Papás-Estados han creado.
Pero ¿realmente la Unión Europea tiene una solución a los problemas económicos y financieros que sufren los distintos estados? El panorama a corto y medio plazo es el siguiente. A mediados de octubre se habrán aprobado las reformas del nuevo mecanismo de rescate (presentado por el Eurogrupo el 21 de julio) con el visto bueno de los 6 países restantes que se sumarán al anhelo germano de una “Unión Europea estable”. Seguidamente, con la ampliación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, se realizará un “rescate” masivo de los países con problemas de deuda (que amenazan la estabilidad y credibilidad de la zona euro y su moneda). A través del FEEF se recomprará deuda de los países con mayores problemas financieros, y se recapitalizarán algunos bancos “demasiado grandes para caer”. Así, la UE seguirá generando una nueva oleada de ilusión de estabilidad financiera que hará subir algunos puntos las bolsas de la comunidad. En pocas palabras, deuda que sigue generando más y más deuda en toda la zona euro. Finalmente nos dirán que el fondo no es suficiente, y los distintos estados con problemas de deuda necesitarán, como es lógico, más y más deuda para recapitalizarse. Deuda, querido lector, que siempre, tarde o temprano, la ciudadanía activa de los diferente estados debe pagar con su bolsillo a costa de mayor trabajo, sacrificio, tiempo y energía.
Lo que está en crisis, estimado lector, es el estatismo nacional (a través de un sistema económico-financiero absolutamente deficiente) que ha manipulado la economía creando burbujas (en nuestro caso principalmente inmobiliarias); y el estatismo europeo que está creando organismos y políticas interventoras, prosiguiendo con las mismas políticas keynesianas, con ingentes cantidades de dinero creado de la nada, procurando crear y sostener la ilusión de progreso, estabilidad y riqueza que a largo plazo se transformarán, sin duda, en un retroceso considerable del nivel de vida europeo, inestabilidad económica y financiera por muchos años, y pobreza creciente para nuestros hijos y nietos.
Resulta urgente, por tanto, una reforma real del sistema financiero y bancario en todos los estados miembros de la Unión Europea que acabe con todos los organismos actuales y venideros que pretendan manipular la moneda. Sobre dichas reformas escuchará poco y nada en los medios de confusión, pero ten muy presente que la deuda, la irresponsabilidad estatista nacional y la mentira europea la pagas tú y tus generaciones venideras.
Leonardo Ravier es Secretario de Política Económica del P-Lib
Publicado en Libre Mercado :: Libertad Digital / 30/08/2011
El 23 de agosto el presidente de Gobierno anunciaba, dentro de sus improvisadas y tardías medidas anticrisis, la necesidad de trasladar la disciplina presupuestaria de limitación del déficit público a la Carta Magna del Estado.
La idea, que ha generado división y malestar dentro del seno del PSOE y aceptación dentro del PP, en principio suena bien. Al menos habría una cláusula, dentro del título VII (y muy probablemente entre los artículos 134 y 136), que contrarrestaría la visión estatista de la economía que la constitución española promueve.
Sin embargo, y a expensas de que la reforma en términos relativos y aislados está bien encaminada, me temo que nos encontramos ante una medida insuficiente, probablemente inocua, y previsiblemente perniciosa.
Existen varias razones para dicha afirmación. En primer lugar la medida no se aplicará hasta el 2018-2020. En segundo lugar, desconocemos el tope de déficit que se incorporaría, aunque ya se está especulando que no llegará al techo alemán del 0,35%. Tercero, bajo la categoría de “déficit estructural” pretenden incorporar una reforma “flexible y equilibrada”, que les permita modificar el desajuste presupuestario anualmente (o lo que es lo mismo, según le convenga o así lo requiera el Estado de bienestar). Y cuarto, se añadirán cláusulas excepcionales (que aún desconocemos y que serán claves), porque según Elena Salgado otra cosa sería “atarse las manos” y “no poder estimular la economía”. ¿Y a esto llamamos disciplina?
Pero no sólo existe un problema evidente de criterio y sentido común a la hora de elaborar una reforma constitucional que realmente impida al Gobierno endeudarse a costa del ciudadano y generar déficit deliberadamente, sino que también existe un motivo dudoso, y unas previsibles consecuencias perniciosas.
El motivo es la creación de un “verdadero Gobierno económico para la UE” que está empujando a que éste cambio se produzca en 17 países de la zona euro. Si el poder político de facto de la UE es capaz de producir cambios constitucionales en materia económica, no cabe duda alguna que nos encontramos ante un grave peligro, a largo plazo, de centralización económica en Bruselas que bajo el mismo fondo estatista podría poner en mayor peligro el verdadero bienestar social de los ciudadanos españoles.
Y las consecuencias perniciosas porque ante esta nueva medida de tope constitucional al déficit, y supuestamente a la deuda pública, ya se está especulando en generar mayor presión impositiva alegando, por ejemplo, que el 35% español del impuesto de sociedades es muy bajo frente al 45% alemán. En pocas palabras, si se corta el gasto con topes a las deudas públicas, el Estado no tendrá inconvenientes en seguir gastando pero ahora a costa directa de empresas y ciudadanos. De ahí que una “disciplina presupuestaria” de limitación del déficit público tal como se pretende incorporar en la Carta Magna sea coja y perniciosa si no va acompañada, por ejemplo, de un tope tributario que realmente exija al Gobierno “apretar su cinturón” y no el de la sociedad española.
Leonardo Ravier es Secretario de Política Económica del P-Lib.
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Hace unos meses Paul Krugman aseguraba que España debía abandonar el euro y devaluar su moneda para resolver sus dificultades fiscales. Ahora volvió a la carga con la misma política, pero agregó que la devaluación argentina de 2001-2002 debiera ser tomada como un ejemplo de lo que Grecia y los países europeos en problemas debieran hacer para abandonar la crisis en las que se encuentran inmersos.
El gobierno argentino no pudo evitar la tentación de utilizar las desafortunadas palabras de este Premio Nobel para demostrar lo correctas que han sido las políticas implementadas en la última década.
Mi objetivo en este artículo es intentar esclarecer lo ocurrido en la historia económica argentina reciente para arrojar algo de luz sobre un tema tan delicado en el campo de la política económica.
El menemismo (1989-1999)
Tras el retorno a la democracia en 1983, y la asunción de Ricardo Alfonsín al frente del gobierno, la Argentina experimentó serias dificultades económicas que terminaron con su renuncia anticipada en 1989 y un proceso hiperinflacionario descontrolado.
Carlos Saúl Menem asumió en dichas circunstancias y tras dos años de desaciertos, encontró un equipo económico liderado por Domingo Cavallo que le permitió encontrar una respuesta a la situación. El déficit fiscal ya no podía ser financiado con emisión monetaria y no había acceso al crédito externo, por lo que sólo podían obtenerse ingresos a través de la privatización de empresas públicas deficitarias. Entre 1991 y 1993 la Argentina implementó la convertibilidad de un peso por un dólar, privatizó las empresas públicas deficitarias, acordó el Plan Brady, salió del Default, ingresó al MERCOSUR y privatizó el sistema de pensiones.
Lo que nunca consiguió la economía argentina fue eliminar el déficit fiscal, aunque en 1993 el ingreso de divisas obtenido por las privatizaciones, le permitió acomodar las cuentas. A partir de 1994 el gasto público comenzó a crecer y con ello el déficit fiscal, el cual siempre fue financiado con crédito externo.
La economía argentina gozó de estabilidad, pero mientras mantuviera el déficit fiscal su crecimiento estaba atado a continuar tomando deuda externa, la que siempre consiguió extender a través del Fondo Monetario Internacional como su principal garante.
Sorprendentemente Menem consiguió un acuerdo con el radicalismo para modificar la Constitución Nacional y que se le permitiera ser reelecto en 1995, pero desde entonces las complicaciones fueron cada vez mayores.
El efecto tequila de 1995, la crisis asiática de 1997, la crisis rusa de 1998 y la devaluación de Brasil de 1999 representaron cuatro duros golpes para la economía argentina, que empezó a tambalear desde el tercer trimestre de 1998.
Entre el menemismo y el kirchnerismo (1999-2003)
En 1999 Fernando De la Rúa ganó las elecciones y decidió mantener la convertibilidad, pero no encontró el modo de controlar el déficit fiscal, mientras las adversidades externas continuaban y el dólar se fortalecía.
Tras una nueva renuncia anticipada en diciembre de 2001 y una alternancia en el poder que nos dejó con varios presidentes y la declaración del default, Eduardo Duhalde decidió abandonar la convertibilidad, pesificar los depósitos y devaluar la moneda.
El PIB argentino cayó en 2002 más de un 10 % y comenzó un proceso de ajuste sobre el tipo de cambio que abandonó la paridad 1 a 1 para pasar a un aproximado 3 a 1, controlado entre bandas.
El Kirchnerismo (2003-2011)
En 2003 se llamó a elecciones y Néstor Kirchner alcanzó el poder con menos del 23% de los votos. La economía argentina apenas iniciaba un proceso de recuperación para salir de una profunda depresión.
Tras la fuerte devaluación, el dólar de 2003 era caro, los salarios pasaron a ser muy bajos en esa moneda, y la industria se volvió competitiva.
El contexto internacional cambió: 1) Los shocks internacionales desaparecieron durante los cinco años siguientes hasta la crisis subprime de 2008; 2) EE.UU. abandonó el dólar fuerte; 3) China se convirtió en la fábrica del mundo, demandando nuestros commodities y elevando sus precios a niveles récord; 4) Brasil dejó revaluar su moneda, contrariando su propia historia, lo cual benefició nuestra balanza comercial con aquel país.
Bajo este contexto, la economía argentina emprendió un acelerado proceso de recuperación.
El gobierno, sin embargo, obstaculizó el proceso.
Primero se hizo accionista del campo y aprovechó las retenciones a las exportaciones para obtener una fuente de ingresos que período tras período se hacía más indispensable. La “guerra con el campo” será uno de los factores más destacados de la historia argentina de esta última década.
Segundo comprendió equivocadamente que subir el tipo de cambio le permitiría hacer más competitiva a la industria, al tiempo que aumentaba la recaudación tributaria, fruto de esas mismas retenciones. Esto llevó a una subida gradual del tipo de cambio del 3 a 1 al presente 4 a 1.
Tercero, y ligado a lo anterior, decidió emitir moneda para financiar parte del presupuesto. Esta es, en definitiva, la causa principal de la escalada inflacionaria que analistas privados estiman entre el 22 y el 30 % (contra el dato oficial del Indec en torno al 10 %).
Cuarto, estatizó las pensiones, sabiendo que le permitía dejar de acumular una deuda impagable que mes a mes asumía ante las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) para poder pagar las pensiones de los actuales jubilados y pensionados; hacerse de los fondos gestionados entonces por las AFJP; y acumular como “impuestos” las futuras recaudaciones de los “ahorros” de los trabajadores.
Quinto, exigió al Banco Central de la República Argentina que prestara una suma importante de reservas en dólares para cancelar todos los compromisos con el Fondo Monetario Internacional, y con ello renunciar a ser auditado por cualquier organismo multilateral de crédito.
Lo dicho le permitió aumentar el gasto público consolidado desde un 30% hasta un 45% sobre PIB. Los analistas políticos detallan cómo el gobierno desarrolló un trabajo de hormiga acordando con gobernadores e intendentes la entrega discrecional de fondos, sujeto al apoyo del modelo. Los casos de posible corrupción incluso se extienden a la compra de diputados y senadores en los votos por leyes clave del Congreso.
En 2007 hubo elecciones y el kirchnerismo volvió a ganar, pero entonces con Cristina Fernández de Kirchner como presidente. Néstor Kirchner no abandonó, sin embargo, el manejo del poder. Acompañó a su esposa como un virtual Ministro de Economía y participó de cada decisión que se tomó en la Casa Rosada u Olivos.
Entre 2007 y 2011 la política siguió el mismo rumbo. El fallecimiento de Néstor Kirchner colocó a su esposa como la candidata del oficialismo para las próximas elecciones. Tras una larga indecisión, posiblemente como consecuencia del duelo, Cristina Fernández de Kirchner acaba de candidatearse en este mes de junio para la reelección y lidera las encuestas en vistas de las próximas elecciones presidenciales de este año. Con una oposición dividida, los analistas políticos coinciden en que muy probablemente el gobierno consiga la reelección.
En pocas palabras, cuando la economía crece —en cualquier país del mundo— la sociedad coincide en “no innovar”.
Dificultades del próximo gobierno
Cualquiera sea el resultado de la próxima elección presidencial, los desafíos centrales de la política económica post-elecciones son 1) el crecimiento de la economía, 2) el control del gasto público y 3) evitar que se dispare la inflación.
Si consideramos que la economía argentina ya se ha recuperado de la crisis de 2001/2002 y que se acerca al potencial de la capacidad instalada, esto significa que para iniciar un proceso de crecimiento —y ya no de recuperación— necesitará de inversión. Sin embargo, la economía argentina se ha alineado en los últimos años a países poco confiables para el capital externo como Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, lo cual hace difícil esperar la atracción de capitales.
No sólo eso. La salida de capitales ha sido dramática en los últimos años, mostrando que ni los propios argentinos confían en su país. La expropiación de las pensiones y la presión que el gobierno ejerce sobre las grandes empresas ahuyentan capital.
En cuanto al gasto público está claro que la Argentina excede los niveles que puede financiar con impuestos. La diferencia la financia con emisión de moneda, fondos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) y reservas del Banco Central de la República Argentina. Lo dicho tiene varias implicaciones.
Primero, mantener los niveles de gasto presentes, requieren que se mantenga o crezca la recaudación tributaria, para lo cual es vital que los precios de los commodities se mantengan en niveles récord. Esto tiene a su vez dos factores determinantes: Por un lado, la demanda de China, que conjeturamos que continuará; por otro, la política de liquidez de EE.UU., que contribuye a mantener altos los precios de los commodities. Este segundo factor difícilmente pueda mantenerse en el tiempo considerando las dificultades que hoy pasa EE.UU. en material de “riesgo de inflación”, tras una política demasiado laxa.
Segundo, mantener los niveles de gasto presentes, depende del agotamiento de los fondos de la ANSES, los que difícilmente alcancen para otros cuatro años.
Tercero, mantener los niveles de gasto presentes, requiere que las reservas del BCRA no se agoten. Es cierto que algunos analistas se esfuerzan por indicar las abultadas reservas que mantiene el BCRA, sin embargo, hay otros analistas que apuntan a la composición de las reservas, lo cual indicaría que estas son menores de lo que aparentan. Básicamente, señalan que el BCRA ha prestado una gran cantidad de reservas al gobierno a cambio de bonos, y que esos bonos difícilmente les permitan recuperar las reservas en el futuro.
Es cierto, estas reservas también pueden fortalecerse en la medida que mantengamos una balanza comercial favorable con el mundo, pero esto cada vez se complica más, si tenemos en cuenta que el dólar caro de 2003 que impedía la importación se ha convertido en un dólar barato en 2011 que estimula la importación, fruto de que el aumento de precios ha sido mucho mayor que la devaluación del tipo de cambio.
En pocas palabras, el tipo de cambio real está hoy tan sobrevaluado como en la década de 1990, lo cual atenta contra el resultado de la balanza comercial, pero también contra la competitividad de la industria, la que presiona por una nueva devaluación.
No devaluar más el peso complica la competitividad. Pero devaluar acelerará necesariamente la inflación. El dilema es claro.
Conclusiones
Dadas las elecciones de 2011 el gobierno no revertirá la política. Tras las elecciones es necesario que el nuevo gobierno retorne a los niveles de gasto público sostenibles en el largo plazo. Esto significa volver en el mediano plazo a un nivel de gasto público consolidado sobre PIB del 30 %.
Hay dos modos de conseguir esto. El primero, es reduciendo el gasto público, sin embargo, dado el poder que en los últimos años han alcanzado los sindicatos, difícilmente uno puede estimar que tal política sea viable.
El segundo es que el gobierno logre aplicar una regla fiscal según la cual el aumento del gasto público sea siempre a una tasa menor que el crecimiento de la recaudación. Si consideramos que el contexto internacional sigue siendo favorable —al menos por ahora—, esta política puede permitir revertir la tendencia y resolver el problema, considerando que la recaudación puede crecer en el corto plazo. Esto gradualmente achica el tamaño del Estado, al punto que le permitió a Chile disponer hoy de un nivel de gasto público sobre PIB del 18% y ser un modelo para los países latinoamericanos.
¿Tendrá voluntad el gobierno de aplicar una reforma integral del Estado que le permita evitar una nueva crisis profunda? ¿Tendrá tiempo el gobierno de evitar otra depresión? Mi respuesta es negativa en ambos casos. Todo indica que el escenario más probable para los próximos años es: 1) un estancamiento de la economía y creciente desempleo, 2) sucesivos paros generales y revueltas sociales reclamando un aumento del gasto público y 3) una aceleración de la inflación.
Paul Krugman se equivoca en dos claros sentidos. En primer lugar, subestima la pérdida económica y social que implicó la crisis de 2001/2002. En segundo lugar, sobreestima el “crecimiento” de la economía argentina del período 2003/2011. Argentina se recuperó de la crisis anterior, pero el crecimiento no parte desde el pozo en que estábamos en 2003, sino desde la superficie que acabamos de alcanzar. La Argentina está perdiendo una oportunidad única de desarrollo, que otros países latinoamericanos están aprovechando.
LA ESCUELA AUSTRIACA DESDE ADENTRO
Historias e ideas de sus pensadores
Volumen II
( Ravier, Adrián )
ISBN: ISBN: 978-84-7209-550-2
Páginas: 444
Precio: 18.00 €
Este segundo volumen agrupa otras 20 entrevistas a reconocidos miembros y seguidores de la Escuela Austriaca, desde Ludwig von Mises hasta Peter Klein, concentrándonos en teóricos que han dedicado décadas de docencia e investigación al desarrollo de esta tradición, sea difundiendo las teorías de los grandes maestros, o desplazando el eje de debate hacia nuevos mundos posibles.
En este volumen destaca una nueva entrevista a Ludwig von Mises; entrevistas a Leonard Read, Henry Hazlitt y Fritz Machlup; e incluso entrevistas a autores que han completado su doctorado bajo la dirección de Mises, como son los casos de Hans Sennholz y George Reisman.
El lector también encontrará una entrevista a G.L.S. Shackle, quien, a pesar de ser crítico con algunos aspectos de la Escuela Austriaca, ha tenido oportunidad de ser un espectador de lujo en su conformación.
Robert Higgs, Richard Ebeling, Joseph Salerno, Lawrence H. White, Peter Boettke y Peter Klein representan hoy a una parte de la Escuela Austriaca Americana.
José Antonio de Aguirre, Lorenzo Infantino y Hans Hermann Hoppe constituyen otro grupo de representantes austriacos de origen europeo.
Rogelio Pontón, Ricardo Crespo, Rafael Beltramino e Ivo Sarjanovic completan el grupo de economistas austriacos de Argentina aparecido en el primer volumen.
Si uno toma la situación de la Escuela Austriaca en los años 1950 y 1960, donde sólo estaban Mises y Hayek, y lo compara con el presente, se visualiza un crecimiento exponencial tanto en cantidad de seguidores como en calidad de investigaciones, y también en lugares geográficos alcanzados.
SUMARIO
Introducción, por Adrián O. Ravier
1. Sobre los problemas monetarios actuales.
Entrevista a Ludwig von Mises (1881-1973)
2. La economía en una lección.
Entrevista a Henry Hazlitt (1894-1993)
3. Educando para la Libertad.
Entrevista a Leonard Read (1898-1983)
4. De Viena a Nueva York.
Entrevista a Fritz Machlup (1902-1983)
5. Subjetividad y expectativas.
Entrevista a G.L.S. Shackle (1903-1992)
6. Misiano de por vida.
Hans Sennholz (1922-2007)
7. Viena. Una salida a la confusión macroeconómica.
Entrevista a José Antonio de Aguirre (1937-)
8. Mises como mentor.
Entrevista a George Reisman (1937-)
9. Una vida formando austriacos.
Entrevista a Rogelio Pontón (1942-)
10. La historia y las instituciones.
Entrevista a Robert Higgs (1944-)
11. Un austriaco en Roma.
Entrevista a Lorenzo Infantino (1948-)
12. Los austriacos y la sociedad de la propiedad privada.
Entrevista a Hans-Hermann Hoppe (1949-)
13. La Escuela Austriaca versus el Mainstream.
Entrevista a Richard M. Ebeling (1950-)
14. Por qué estamos ganando.
Entrevista a Joseph T. Salerno (1950-)
15. Defendiendo la banca libre.
Entrevista a Lawrence H. White (1954-)
16. Un austriaco aristotélico.
Entrevista a Ricardo Crespo (1956-)
17. Defendiendo la economía política.
Entrevista a Peter J. Boettke (1960-)
18. Filosofía de la ciencia e historia del pensamiento.
Entrevista a Rafael Beltramino (1965-)
19. De Rosario a Viena.
Entrevista a Ivo Sarjanovic (1965-)
20. Hacia una teoría general de la firma.
Entrevista a Peter G. Klein (1966-)
Referencias bibliográficas
Índice de nombres
El Licenciado en Economía Adrián Ravier visitó los estudios de Cadena 90 para hablar de la inflación, la ilusión monetaria, el crecimiento económico y cómo estos factores afectan al bolsillo de los vecinos. Consideró que los números del INDEC no son los verdaderos, pero que a pesar del aumento de precios, en las encuestas la gente confía en el Gobierno.
El programa se emite en FM 96.9, en el canal 8 de la televisión de La Pampa y puede seguirse desde internet.
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Las ideas de John Maynard Keynes surgieron en el marco de la gran depresión de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar “ahora somos todos keynesianos”. Incluso Milton Friedman llegó a decirlo en 1965.
La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y The Economist colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos? De un lado Brad De Long, del otro Luigi Zingales. ¿Qué respondieron?
La respuesta de Brad De Long
Se suponía que Brad De Long iba a defender la postura, pero pidió disculpas y afirmó que ya no, “hoy no somos todos keynesianos”.
Por ejemplo, leyendo The New York Times encuentra que William Poole, ex presidente de la Reserva Federal de St Louis, considerando que: “El gasto del gobierno no puede liderar el camino hacia una recuperación sostenida, debido a que su efecto de estímulo se verá compensado por anticipado con impuestos más altos y con la necesidad de financiar el déficit”.
En 1970 William Poole fue un keynesiano que daba por sentado que la política de déficit y el gasto fiscal tenían un papel adecuado y eficaz en la lucha contra las recesiones. Pero Poole no está solo.
Robert Barro, de Harvard University, dijo sobre la propuesta de estímulo fiscal de Obama: “Este es probablemente el peor proyecto de ley que se ha presentado desde la década de 1930. No sé qué decir. Quiero decir que está perdiendo una enorme cantidad de dinero, que tiene una teoría simplista que no creo que funcione … No creo que vaya a expandir la economía … Va más en la línea con tirar el dinero a la gente … Creo que es basura”.
John Cochrane, de la Universidad de Chicago, agrega: “Nadie ha enseñado esto a estudiantes de postgrado desde 1960 … Son los cuentos de hadas que se han demostrado falsos. Es muy reconfortante en tiempos de crisis volver a los cuentos de hadas que escuchábamos cuando eramos niños, pero esto no los hace menos falsos”. Cochrane agrega que “el gobierno emitirá bonos para pedir prestado, lo que significa que los inversores al comprar bonos del Tesoro de EE.UU. dejarán de invertir en acciones o productos, anulando el efecto de estímulo”.
Edward Prescott, de la Arizona State University, quien ganó un premio Nobel de Economía en 2004 por su estudio sobre los ciclos económicos, hizo esta contribución: “Los economistas en el campo están profundamente divididos sobre la cuestión del estímulo federal … No sé por qué Obama dijo que todos los economistas están de acuerdo en esto. Ellos no lo están”.
Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, declaró: “los rescates y planes de estímulo son financiados mediante la emisión de más deuda pública (¡el dinero debe venir de alguna parte!). La deuda, agregó, absorbe los ahorros que de otro modo irían a inversión privada,.. a pesar de la existencia de recursos ociosos, los rescates y planes de estímulo no agregan nada a los recursos actuales en uso. Acaban de mover recursos de un uso a otro”.
De Long concluye que “el argumento de los señores Fama, Prescott, Cochrane, Barro, Poole y compañía es lo que los economistas llaman la Ley de Say. Es la afirmación de que las decisiones de aumentar el gasto, ya sea que vengan del gobierno o de cualquier otra persona, no pueden estimular la economía y aumentar el empleo y la producción porque la demanda debe ser creada por la oferta. Si el gobierno gasta, alguien más debe recortar sus gastos”.
[…] “Así que ahora, no puedo decir que somos todos keynesianos. Lo más que puedo decir es que deberíamos serlo”.
La respuesta de Luigi Zingales
Y qué podemos tomar de lo dicho por Luigi Zingales, quien se suponía defendería una posición opuesta a la de De Long:
Se pregunta: “¿Qué significa ’ser keynesiano’? Simplemente creer en el papel de los componentes de la demanda en la determinación de la producción total es una caracterización insuficiente. Un verdadero keynesiano difiere, en tanto que él también cree que: 1) La política monetaria no es la herramienta más eficaz para estabilizar la economía y puede ser completamente ineficaz en algunas circunstancias (trampa de liquidez), 2) la política fiscal es eficaz y el gasto del gobierno es la herramienta preferida, 3) la intervención del gobierno funciona y las consecuencias a corto plazo son más importantes que las de largo plazo”.
“Con esta definición en mente, hay cuatro formas en las cuales la afirmación ‘todos somos keynesianos’ puede ser interpretada. Propongo que la declaración es falsa en tres de cuatro de estas interpretaciones”.
“La primera interpretación es que la profesión económica ha llegado a un consenso sobre las posiciones keynesianas. Esta declaración es definitivamente falsa. Si usted navega a través de los artículos publicados en la revista líder de la American Economic Association en 2008, verá que sólo uno de los 12 artículos que se ocupan de las cuestiones macroeconómicas (Código JEL E) soporta (aunque muy indirectamente) la idea de una política fiscal de expansión como una herramienta política. Un desequilibrio aún mayor está en el pináculo de nuestra profesión. Entre los 37 ganadores del premio Nobel de Economía en los últimos 20 años, cuatro recibieron el premio por sus contribuciones a la macroeconomía. Ninguno de ellos podría ser considerado keynesiano. De hecho, es difícil encontrar trabajos académicos que apoyan la idea de un estímulo fiscal”.
“La segunda interpretación posible es que existe un consenso entre los economistas en que las causas de la crisis actual es keynesiana. Incluso en esta interpretación la declaración es falsa. No creo que ningún economista se atrevería a decir que la actual crisis económica de EE.UU. ha sido causada por subconsumo. Con cero de ahorro personal y un gran déficit presupuestario del gobierno de Bush hemos tenido una de las políticas keynesianas más agresivas en la historia”.
“La adhesión a los principios de Keynes no sólo no evitaron el desastre económico actual, sino que incluso han contribuido enormemente a la causa. El deseo keynesiano de gestionar la demanda agregada, haciendo caso omiso de los costos a largo plazo, impulsado por Alan Greenspan y Ben Bernanke a mantener las tasas de interés extremadamente bajas en 2002, impulsaron el consumo excesivo de las familias y la asunción de riesgos excesivos por parte del sector financiero. Más importante aún, ha sido la formación keynesiana de nuestros responsables políticos lo que les ha llevado a ignorar el papel que desempeñan los incentivos en las decisiones económicas. La principal diferencia entre Keynes y la economía moderna es el énfasis en los incentivos. Keynes estudió la relación entre los agregados macroeconómicos, sin ninguna consideración por los incentivos subyacentes que conducen a la formación de estos agregados. Por el contrario, la economía moderna basa todos sus análisis sobre los incentivos. En 1998, cuando el co-Fed coordinó el rescate de Long Term Capital Management, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos para asumir riesgos y la liquidez adecuada de precios. Cuando el señor Bernanke diseñó el rescate de Bear Stearns, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos de los otros bancos de inversión para aumentar el capital social a precios bajísimos. Cuando cambió de posición dos veces en el espacio de dos días, dejando que Lehman caer, pero rescatando a AIG, no se preocuparon por el impacto que tendría en la confianza de los inversores y los incentivos para invertir. Este es el comportamiento errático que ha asustado al mercado y ha creado la actual crisis económica: en una encuesta reciente el 80% de los estadounidenses declaran que tienen menos confianza de invertir en el mercado como consecuencia de la forma en que el gobierno ha intervenido”.
“Si los principios keynesianos y la educación son la causa de la depresión actual, es difícil imaginar cuál puede ser la solución. Por lo tanto, incluso la tercera interpretación que deben seguir las recetas keynesianas para combatir la actual crisis económica—es falsa. No discuto la idea de que algún tipo de intervención del gobierno puede aliviar las condiciones económicas actuales, y que una política económica keynesiana puede hacerlo. Con un déficit de cuenta corriente que en 2008 fue de 614 mil millones dólares, un déficit presupuestario que fue 455 mil millones dólares y los gastos militares de 731 mil millones dólares, es difícil argumentar que el gobierno no está estimulando la demanda lo suficiente. La crisis actual no es una crisis de demanda, es una crisis de confianza. El mal gobierno corporativo, junto con las políticas del mal gobierno ha destruido al sector financiero, asustando a los inversores y congelando los préstamos. Es como si una bomba nuclear hubiera destruido todas las carreteras de EE.UU., y afirmaran que para mitigar el impacto económico de un evento semejante, debería invertir en los bancos. Es posible que con el tiempo haya un efecto goteo. Pero si el problema es de los caminos, lo que necesitamos es reconstruir los caminos, no subsidiar al sector financiero. Y si el problema es el sector financiero, se deseará solucionar este problema y no la construcción de carreteras”.
“La única interpretación en virtud de la cual la declaración en cuestión es cierta es que ‘nosotros’ el pueblo estadounidense y sus representantes elegidos sean todos keynesianos. El keynesianismo ha conquistado los corazones y las mentes de los políticos y las personas comunes y corrientes, ya que proporcionan una justificación teórica para el comportamiento irresponsable. La ciencia médica ha establecido que uno o dos vasos de vino al día son buenos para su salud a largo plazo, pero ningún médico recomienda a un alcohólico en recuperación seguir esta receta. Lamentablemente, los economistas keynesianos hacen exactamente esto. Le dicen a los políticos, que son adictos a gastar nuestro dinero, que los gastos del gobierno son buenos. Y qué decir a los consumidores, que se ven afectados por problemas graves de gasto, que el consumo es bueno, mientras que el ahorro es malo. En la medicina, tal comportamiento tendría que ser expulsado de la profesión médica; en economía, le ofrece un trabajo en Washington”.
Un 37 % de los lectores de The Economist que votaron en la encuesta afirmaron que SÍ, que “hoy somos todos keynesianos”. Un 63 % dijo que NO, que esta afirmación carece de sentido.
Publicado en Libremente, Cato Institute, el 7 de junio de 2011.
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LA ESCUELA AUSTRIACA DESDE ADENTRO
Historias e Ideas de sus Pensadores
ISBN: 978-84-7209-546-5
Páginas: 444
Adquiéralo en Unión Editorial
RESEÑA:
Este primer volumen compila 20 entrevistas, coordinadas por el economista Adrián Ravier, a reconocidos miembros y seguidores de la Escuela Austriaca, desde Ludwig von Mises hasta Steven Horwitz, incluyendo a autores de diversas nacionalidades, de distintas generaciones, especialistas en diferentes campos, pero con un factor común: décadas de docencia e investigación al servicio del crecimiento, del desarrollo y de la difusión de esta tradición.
Los autores cuentan sus experiencias e historias personales: cómo llegaron a acercarse a esta tradición de pensamiento; quiénes los introdujeron en este camino; cómo fue su paso por la universidad; cuáles son sus campos de estudio y especialización; cuáles fueron sus aportaciones más importantes; por qué valoran esta tradición frente a la corriente principal; qué valor puede agregar a quienes decidan indagar en sus aportaciones; cuáles son los debates más importante entre escuelas de pensamiento, pero también dentro de la propia Escuela Austriaca; qué elementos comunes encontramos en la tradición; qué críticas se pueden formular a la tradición austriaca, a modo de mea culpa; cómo ven el presente y fundamentalmente el futuro de estas ideas; qué sugerencias o recomendaciones pueden ofrecer a los jóvenes interesados en continuar la tradición.
Quizás lo más importante del libro no es que estos autores se abren al lector al ofrecer sus respuestas, sino que se desestructuran ante el lector. Abandonan el perfil que requieren las revistas científicas, para contar, de un modo ameno, cómo ven la economía, cuáles son sus fallos y qué camino sería mejor seguir.
Esto es lo que nos permite comprender el verdadero propósito del libro: mostrar a La Escuela Austriaca desde adentro, a través de sus pensadores, con sus similitudes y con sus diferencias, aquellas sobre las que habrá que seguir trabajando, estudiando e investigando para descubrir nuevas respuestas, y fundamentalmente nuestras respuestas.
SUMARIO [Volumen I]:
Agradecimientos
Prólogo de Richard Ebeling
Prefacio de Gabriel J. Zanotti
Introducción de Adrián Ravier
Capítulo 1
Un defensor de la libre empresa. Entrevista a Ludwig von Mises (1881-1973)
Capítulo 2
El camino desde la servidumbre. Entrevista a Friedrich A. von Hayek (1899-1992)
Capítulo 3
El resurgimiento de la Escuela Austriaca. Entrevista a Ludwig Lachmann (1906-1990)
Capítulo 4
La bibliografía de Mises. Entrevista a Bettina Bien Greaves (1917- )
Capítulo 5
De la Escuela Austríaca al Public Choice. Entrevista a James M. Buchanan (1919- )
Capítulo 6
La ciencia de la libertad. Entrevista a Murray N. Rothbard (1926-1995)
Capítulo 7
Empresarialidad y procesos de mercado. Entrevista a Israel Kirzner (1930- )
Capítulo 8
Un austriaco en París. Entrevista a Pascal Salin (1939- )
Capítulo 9
Sapo de otro pozo. Entrevista a Alberto Benegas Lynch (h) (1940- )
Capítulo 10
La economía radical. Entrevista a Walter Block (1941- )
Capítulo 11
La perspectiva global. Entrevista a Sudha Shenoy (1943-2008)
Capítulo 12
Un macroeconomista austriaco. Entrevista a Roger W. Garrison (1944- )
Capítulo 13
El arte de la independencia. Entrevista a Carlos Rodríguez Braun (1948- )
Capítulo 14
Mercados y calidad de vida. Entrevista a Randall Holcombe (1950- )
Capítulo 15
De la literatura a la economía. Entrevista a Martín Krause (1952- )
Capítulo 16
Economía y finanzas. Entrevista a Juan Carlos Cachanosky (1953- )
Capítulo 17
Entre Mises y Rothbard. Entrevista a Jesús Huerta de Soto (1956- )
Capítulo 18
La Escuela Austriaca y el derecho. Entrevista a Ricardo M. Rojas (1958- )
Capítulo 19
La filosofía, la economía y su método. Entrevista a Gabriel Zanotti (1960- )
Capítulo 20
Microfundamentos, teoría monetaria y banca libre. Entrevista a Steven Horwitz (1964- )
Índice de Nombres
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He tenido el placer de ser invitado como conferencista al Primer Seminario Internacional de Economía Austriaca y Heterdoxa organizado por Macrópolis, un grupo de investigadores en macroeconomía y política económica de la Universidad Nacional de Colombia.
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Invitación a presentar artículos:
El Grupo de Investigación en Macroeconomía y Política Económica MACRÓPOLIS, organiza el Primer Seminario de Economía Austriaca y Heterodoxa que tendrá lugar en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá, entre el 8 y el 11 de agosto de 2010.
• Teoría de los Ciclos Económicos
• Metodología y Epistemología en Economía
• Política Económica
• Teoría Moderna de la Firma
• Teoría del Emprendimiento
• Teoría y Política Monetaria
• Historia de la Macroeconomía
• Historia del Pensamiento Económico
• Desarrollo de la Economía
Forma de Presentación
1. Recepción de resúmenes: 15 de Marzo al 10 de Junio de 2011.
CONFERENCISTAS INVITADOS
Peter G. Klein
Ph.D., Economía, Universidad de California, Berkeley
B. A. (Honores), Economía, Universidad de North Carolina, Chapel Hill
Profesor, Universidad de Missouri
Lawrence H. White
Ph. D., Economía, Universidad de California, Los Angeles
M. A., Economía, Universidad de California, Los Angeles
A. B. (magna cum laude), Economía, Universidad de Harvard
Profesor, Universidad George Mason
Adrian Ravier
Ph. D. (summa cum laude), Economía Aplicada, Universidad Rey Juan Carlos
M. A., Economía y Administración de Empresas, Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas
B.A., Economía, Universidad de Buenos Aires
Profesor, Swiss Management Center University y Universidad Francisco Marroquín
Comité Organizador
Gustavo Adolfo Junca Rodríguez (UNAL) gjuncar@gmail.com
Jonathan Ronny Moreno Medina jrmorenom@unal.edu.co
Grupo de Investigación en Macroeconomía y Política Económica MACRÓPOLIS macropolis@gmail.com
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La “Metodología de la economía positiva” de Milton Friedman (1958) se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos de una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo.
El trabajo fue el origen de generaciones de economistas que han intentado desarrollar teorías económicas que describían poco y nada el mundo en el que vivimos, pero intentaban predecir sucesos futuros.
Tras la crisis financiera internacional, y tras la incapacidad de dichas generaciones de economistas por predecirla, se han alzado cientos de voces de los más prestigiosos economistas del mundo, reclamando el fin de la economía neoclásica, alegando que para predecir los sucesos futuros que sobrevendrán en la economía real es necesario primero comprenderlo, y que los supuestos irreales son sólo un “juego de niños” que distraen el intelecto de los economistas en un sentido opuesto al que se requiere.
Estos economistas señalan el abuso de la matemática en economía y abogan por el fin de los modelos de equilibrio general o parcial, con información plena o relevante, pidiendo el retorno de la filosofía de la incertidumbre y los desequilibrios.
Lo cierto es que más allá de este reclamo, la mayoría de los economistas siguen haciendo su ciencia como si nada hubiera ocurrido. Si el reclamo tendrá o no algún tipo de respuesta, aun no lo sabemos. Es por ello que propongo un ejercicio. Imaginemos que los economistas deciden abandonar la síntesis neoclásica. ¿Qué escenario enfrentaría la profesión?
¿Qué engloba la economía neoclásica?
Tratemos de dar respuesta primero a qué escuelas de pensamiento engloba la economía neoclásica. Qué es lo que en definitiva se pierde con tal hipotético suceso.
Desaparecería la economía monetarista o Escuela de Chicago, aquella iniciada en los trabajos de Irving Fisher, Frank Knight y Jacob Viner, que alcanzaran su máxima expresión en los escritos de Milton Friedman, y que ha dado lugar a numerosos premios Nobel, como Gary Becker o Edmund Phelps.
También desaparecería la Nueva Macroeconomía Clásica, en la que contribuyeron John Muth, Robert Lucas, Thomas Sargent y Robert Barro, con sus modelos de expectativas racionales e “información relevante”. Esta escuela en cierta medida reemplazó al monetarismo de Chicago, absorbiendo a sus principales figuras y ocupando la escena en la vieja Escuela de Chicago.
En el mismo entorno, aparece el Public Choice o Escuela de la Elección Pública de James M. Buchanan o la Nueva Economía Institucional de Douglass North. Es cierto que James M. Buchanan aboga por estudiar la cataláctica de Mises y Hayek, y rescata la economía política, no matemática, pero por desgracia, gran parte de la teoría contemporánea de la Elección Pública ha sido moldeada por la corriente dominante. También es cierto que Douglass North o Ronald Coase han destacado el rol de las instituciones en el análisis económico, tan necesario como importante, pero los modernos desarrollos de la tradición, siguen también la corriente y el método mainstream.
No podemos olvidarnos de la síntesis neoclásica del keynesianismo. Aquella que John Hicks y Paul Samuelson, entre tantos otros, contribuyeron a formular, y que dominaron por unas tres décadas entre 1940 y 1970, hasta que la contrarrevolución monetarista entró en escena. Es importante señalar que los macroeconomistas hoy exigen abandonar el anticuado modelo IS-LM.
¿Qué autores y Escuela de pensamiento no han sido absorbidas por la síntesis neoclásica?
Quedan los autores previos a la revolución marginal, lo que de algún modo lleva a retornar hacia los griegos, la escolástica o los clásicos. Seguramente en la tradición clásica hay teorías que sería necesario recuperar.
También queda la Escuela Austríaca de Economía, que más allá de que su fundador, Carl Menger, participó de la revolución marginal, nunca adhirió a la economía matemática y a los modelos de equilibrio (aunque la macroeconomía de Hayek sí se adhirió en los años 1930). Ludwig von Mises, sobre las bases de los trabajos de Menger y Böhm Bawerk reconstruyó la teoría económica en su tratado “La acción humana”, donde justamente abogaba por estudiar la economía partiendo del hombre de carne y hueso, y fijando todo el interés en el realismo de las implicaciones lógicas que se obtienen de la acción, la que es necesariamente individual, subjetiva y dinámica, además de estar enmarcada en la incertidumbre.
En el otro extremo, vuelve Karl Marx, aunque limitado a las preguntas que todavía no encuentran respuesta tras el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo de 1920, y que se reprodujera en los años 1930, entre Lange y Hayek. En su ya clásico libro titulado “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”, donde justamente repasa dicho debate, el propio Jesús Huerta de Soto señala que Marx, tiene “curiosas coincidencias con el análisis del proceso de mercado de los teóricos austríacos”.
También retorna John Maynard Keynes, como ha reclamado su biógrafo Robert Skydelsky. “Debemos distinguir al Keynes hombre, del Keynes mito”, señalaba Ricardo Crespo, quien agrega que Keynes en 1946 declaró no ser keynesiano”. Esto por supuesto da lugar también a los trabajos de Axel Leijonhufvud, quien intenta recuperar a Keynes de la síntesis neoclásica que se había construido sobre él.
Tampoco podemos olvidarnos de la Economía Social de Mercado, en la que ha contribuido Wilhelm Röpke, Ludwig Erhard y Walter Eucken y donde hoy se destacan algunos defensores modernos como Marcelo Resico.
Para terminar, existen numerosos movimientos heterodoxos que son menos conocidos, que han criticado el enfoque neoclásico y que reclamarían su lugar.
Reflexión final
Un suceso hipotético como el mencionado, llevará a la profesión a retroceder, quitar aquello que no sirve, tomar aquello que queda, y ver dónde estamos.
Por supuesto que el debate entre Estado y Mercado continuará independientemente del lenguaje y los métodos que los economistas elijan para debatir. Pero lo dicho nos deja un escenario renovado y diferente.
Nos deja con algunos marxistas en defensa de un socialismo golpeado, tras la caída de todos los régimenes en el este de Europa y la imposibilidad de dar respuesta al planteo original de Ludwig von Mises en 1920. De hecho, la hipotética respuesta de equilibrio desarrollada por Oskar Lange y otros socialistas, considerada como un desvío indebido al debate, caería junto con la crisis del paradigma neoclásico.
Keynes resurge, pero su intervencionismo también está limitado a los procesos inflacionarios que supo generar en los años 1970 y que dieron lugar a la contrarrevolución monetarista y el resurgimiento austríaco. Difícilmente este keynesianismo vuelva a plantear la política monetaria y fiscal activa que reclamaba en los años 1930, o el mercantilismo proteccionista exacerbado que Keynes promovió en vida. Más bien, parecieran moderarse a que tales políticas sólo pueden ser útiles en circunstancias puntuales como la de aquella gran depresión de los años 1930, o los sucesos que hoy mismo estamos enfrentando tras la gran depresión global.
La Economía Social de Mercado es todavía un movimiento demasiado chico, y no tiene hoy centros de investigación, más allá de las contribuciones de la Fundación Konrad Adenauer. Tampoco parece representar todavía una escuela de pensamiento independiente, ajena al keynesianismo y a la Escuela Austríaca de la cual se nutrieron originalmente, aunque sí puede permitir un diálogo fructífero entre éstos, y ofrecer un punto intermedio de política económica
Y tenemos a la Escuela Austríaca, que resurge y crece, tomando un destacado lugar en algunos centros académicos como el de la George Mason University, el Cato Institute y el Ludwig von Mises Institute, el de la Universidad Rey Juan Carlos (España), el de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), o el de ESEADE (Argentina), además de participar activamente en las revistas científicas más renombradas.
Demás está decir que un suceso hipotético como el imaginado dará lugar a ciertos replanteos dentro de las escuelas de pensamiento caídas, como el monetarismo, el public Choice o la nueva economía institucional, que posiblemente se reconstruyan y den lugar a nuevos movimientos.
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Yo, el lápiz de Leonard Read o El uso del conocimiento en la sociedad de Friedrich Hayek se han constituido en clásicos de la literatura económica por su claridad conceptual y su validez universal. El hombre olvidado de William Graham Sumner también es un clásico, pero para los lectores de habla hispana es menos conocido. El artículo fue escrito en 1883 y luego publicado por Yale University Press en 1925. Libertas, la revista académica de ESEADE con base en Argentina, lo publicó por primera vez en español en 1997.
Este artículo no intenta ser original en ningún sentido. Sólo intentamos tentar al lector a leer un artículo que entendemos debiera ser parte de la formación económica y política de todos los jóvenes profesionales y de los hacedores de políticas públicas. Dice el autor:
La mayoría de los proyectos filantrópicos o humanitarios se ajustan al siguiente esquema: A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D. Todos los esquemas de este tipo están viciados radicalmente, desde el punto de vista sociológico, por el hecho de que a C no se le permite opinar acerca del asunto, y de que su posición, su carácter y sus intereses, así como los efectos que se producirán sobre la sociedad por su conducto, se pasan totalmente por alto. C es lo que yo llamo el Hombre Olvidado.
Consideremos el caso del salario mínimo. Los sindicatos (A) presionan para elevar el salario. El gobierno (B) accede. Los beneficiarios (D), son algunos trabajadores que verán aumentar sus salarios. Sin embargo, un análisis simple de oferta y demanda del mercado laboral nos permite comprender que algunos trabajadores que en ausencia de la legislación hubieran logrado establecer contratos voluntarios de trabajo con los empresarios, por salarios inferior al mínimo establecido, quedan ahora desempleados. Los hombres olvidados (C) son aquellos empresarios y fundamentalmente aquellos trabajadores que en estas circunstancias quedan al margen del trabajo formal.
Veamos otro ejemplo. A es el gobierno americano. B es la Reserva Federal de los Estados Unidos. D son las decenas de empresas americanas que durante la crisis de 2008 eran “demasiado grandes para caer”. ¿Quién es C? Si tomamos en cuenta que A decidió ayudar a D con los planes de estímulo financiados con los impuestos, C son los contribuyentes americanos. Si tomamos en cuenta que B para ayudar a D decidió duplicar la cantidad de dólares que circulaba en el mundo, y tomamos en cuenta que tal decisión reduce el poder adquisitivo de sus tenedores, C son las millones de personas que creían en el dólar como reserva de valor.
No será difícil para el lector extrapolar el análisis a los cientos de casos que día a día publican los diarios en todo el mundo. Cada nueva legislación que se aprueba tiene un alto porcentaje de posibilidades de haber olvidado a estos hombres.
Por una vez, siquiera, pensemos en él [el hombre olvidado] y consideremos su caso, ya que todos los médicos sociales tienen la característica de concentrarse sobre algún hombre, o grupo de hombres, cuya situación despierta simpatía y estimula la imaginación, y planifican sus remedios para tratar ese problema en particular. [...] [I]gnoran totalmente cuál es la fuente de la que deben extraer la energía que emplean en sus remedios y pasan por alto todos los efectos que éstos producirán sobre los demás miembros de la sociedad, ya que sólo tienen en cuenta los que les interesan. Están dominados por la superstición del gobierno y, olvidando que éste no produce nada en absoluto, pierden de vista lo primero que deberían recordar al hacer cualquier análisis social: que el estado no puede obtener un céntimo de ningún hombre sin quitárselo a otro, y este último es quien lo ha producido y ahorrado: el Hombre Olvidado.
El mensaje de William está comprendido en la literatura económica e incluso se han logrado importantes avances sobre la cuestión. La Teoría de la Elección Pública, por ejemplo, ha logrado desarrollar modelos que explican que aun cuando los beneficiarios de las políticas gubernamentales sean pocos, éstos pueden lograr que una legislación sea sancionada porque sus intereses están concentrados, mientras que los hombres olvidados, aun cuando sean muchos, están dispersos. Esto lleva a que los grupos de presión (A) convenzan a los legisladores (B) a sancionar leyes a favor de cierto grupos (D), pero nunca consultan a quienes en definitiva pagan por aquellos gastos y que en definitiva representan la mayoría.
La democracia de las mayorías también se ve vulnerada con el logrolling o intercambio de votos, en el sentido que un legislador puede apoyar el proyecto de otro a cambio de que éste último apoye el del primero. Es así como pequeños grupos de presión van logrando aprovecharse de aquel hombre olvidado, el que “pasa de largo y nadie repara en él, porque se ha comportado bien, ha cumplido sus promesas y no ha pedido nada.”
Adrián Ravier es economista y profesor de la Universidad Francisco Marroquín y del Swiss Management Center University. Escribe regularmente en su página personal.